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María del Carmen Villalobos viuda de Córdova

Carmelita, como era llamada cariñosamente por sus seres queridos, falleció a los 83 años el 1 de febrero a causa de varias complicaciones en su salud.

Fuente: http://www.am.com.mx

Fue la séptima de una familia formada por ocho hermanos y encabezada por sus papás Juan Villalobos (f) y Carmelita Romo (f).


Nació en Encarnación de Díaz, Jalisco el 29 de enero de 1929 y en 1945 fue nombrada reina de ese mismo lugar.

Diez años después se unió en matrimonio con Ernesto Córdova Guerrero (f) el 16 de julio de 1955, en la catedral del municipio que la vio nacer, y donde recibieron la bendición de su hermano y sacerdote Guillermo Villalobos Romo.

Ya como marido y mujer vivieron algún tiempo en San Luis Potosí, luego llegaron a León lugar en el que vivía gran parte de la familia de su esposo.

Se dedicó siempre a las labores del hogar y a la atención de sus hijos, ya que siempre su familia fue para ella lo más importante.

Fruto de su amor con don Ernesto procreó a sus cinco hijos: Carmelita casada con Carlos Sánchez; Esther con Jaime Araiza; Eric con Irma Juárez; Liliana y Ernesto, quienes le regalaron la dicha de ser abuelita de Carmen Laura, Andrea, Charlie y Ana Lucía.

Le gustaban mucho los caballos y el campo, ya que le hacían recordar su vida de soltera, además de que destacó por ser una mujer piadosa y con infinita fe en Dios.

Para sus orgullosos hijos fue un ejemplo de fortaleza. A toda su familia le inculcó valores, unión, respeto y amor hasta el último día de su vida, pues aseguran que tenía una gran capacidad de amar y siempre proyectaba paz interior.

Disfrutaba de la decoración de interiores, talento nato que compartía con sus seres queridos, fue experta en bordado y costura; le gustaba el dibujo y reunirse con sus amigas Canela Serrano, La Nena Rivadeneyra, Pacesita Torres Solano, Elda Vega, así como sus concuñas Blanca Robles, Cuca Rangel, Catalina de Córdova y Lucía Robles de Córdova (f).

Gozaba la compañía de sus hermanos Guillermo (f), Antelmo (f), Rubén (f), Guadalupe, Francisco (f), Juan (f) y Alfredo en la casa de sus papás en Encarnación de Díaz, lugar que represento para sus hijos un segundo hogar.

Se interesaba en la vida y bienestar de los amigos de sus hijos, al grado que ellos la contaban como parte del grupo.

Ernesto su hijo, recuerda cuando ella se desvelaba conviviendo con sus amigos. Esther recuerda cuando la acompañó a la playa y todos los momentos juntas que pasaron como amigas. Carmelita cuando pasaban largas horas decorando. Liliana fue la compañía de ella en todas sus actividades, y Eric disfrutaba viéndola reír con sus anécdotas, chistes e imitaciones.

La prudencia y el buen gusto eran dos características primordiales en ella, además de que le gustaba la música clásica y tenía gran talento como cocinera.

Fue muy querida y respetada por todas las personas que la conocieron pues era una persona con noble corazón, incapaz de ofender o hacer daño a alguien y con una fuerza admirable para soportar cualquier obstáculo.

Al presentir que su misión en la tierra había terminado, se despidió de cada uno de sus hijos, nietos y hermanos a quienes bendijo con la oración de siempre “El Señor te bendiga, te guarde, te muestre su rostro, vuelva a ti sus ojos, tenga misericordia de ti y te conceda la paz”.

Su descendencia se define como la combinación maravillosa de la inmensa sabiduría, sensibilidad, creatividad e intuición de su mamá, con la confianza y la fuerza de su papá.